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Un análisis sobre el concepto de la abyección en Alien: El octavo pasajero.

 



Este es un extracto del libro "El extraterrestre eres tú"


Hans Rudi Giger, artista gráfico y escultor suizo, fue el encargado de diseñar al icónico Xenomorfo, una criatura biomecánica con rasgos corporales y sexuales perturbadores, que fusiona lo orgánico con lo mecánico y lo familiar con lo alienígena. Profundamente influenciado por el horror cósmico de H.P. Lovecraft, Giger capturó a la perfección la esencia de lo desconocido y lo incomprensible. Giger ya había desarrollado esta estética singular en publicaciones anteriores, como Necronomicon (1977), una colección de ilustraciones que fascinó al guionista Dan O’Bannon y lo llevó a proponer a Giger como diseñador para Alien. En concreto, se basó en Necronom IV, una visión de pesadilla maligna que combina parte insecto, parte humano y parte serpiente; Giger explicó:

Al principio no teníamos idea de cómo debía lucir el alienígena. En la mayoría de las películas de terror, el monstruo parece muy inverosímil e incluso ridículo. Y una vez que lo ves, la película pierde fuerza porque solo parece un hombre disfrazado... Queríamos un monstruo muy inusual, uno creíble. El "cambiador metamórfico" que constituye las tres etapas diferentes del monstruo en Alien se basa en miedos primigenios hacia las cosas que reptan y se arrastran. La mezcla viscosa de insecto, crustáceo y serpiente logra evocar una respuesta de repulsión asfixiante (Sardar & Cubitt, 2002, págs. 40-41).



La efectividad del xenomorfo depende en gran medida de lo que podría llamarse la plausibilidad de esa fusión. Las formas misteriosas y aterradoras parecen estar en el proceso de volverse animadas. Esto es generalmente más impactante cuando la fuente original de la imagen resulta reconocible (Parrill, 2011, pág. 38). El xenomorfo, convertido en un símbolo de la cultura pop del siglo XX, encarna perfectamente el horror cósmico y transmite una cualidad inquietante y sexualmente turbulenta que evoca un miedo profundamente primitivo. El ciclo de vida del Xenomorfo, desde el abrazacaras hasta el revientapechos, añade una dimensión de horror visceral que sacude profundamente al espectador y refuerza la idea de una amenaza inevitable y devastadora. Giger también diseño todo el entorno alienígena, la nave y el icónico Space Jockey[i], el enigmático esqueleto fosilizado de una criatura extraterrestre, situado en una silla de control biomecánica, descubierto por la tripulación de la Nostromo en una nave abandonada en el desolado planeta LV-426.



El xenomorfo de Alien resulta profundamente inquietante porque evoca un tipo de horror centrado en lo corporal, vinculado al miedo a la intrusión, transformación y destrucción del cuerpo humano. Este tipo de terror encuentra su desarrollo teórico en el concepto de la abyección, desarrollado por Julia Kristeva en su ensayo Powers of Horror: An Essay on Abjection (Kristeva, 1982). Kristeva analiza una dimensión fundamental de la subjetividad humana, relacionada con aquello que rechazamos, expulsamos o nos negamos a confrontar para preservar nuestra identidad y el orden social. La abyección, según Kristeva, define los límites de lo humano, lo social y lo simbólico. Lo que consideramos repulsivo o inaceptable desempeña un papel crucial en la formación de la identidad y en la estructura del orden simbólico. En este sentido, el xenomorfo encarna la abyección al personificar lo que desestabiliza nuestras nociones de seguridad e integridad corporal. Su capacidad para invadir, transformar y destruir los cuerpos individuales y, también, el equilibrio psicológico y social, lo convierte en una representación visual y narrativa de las ansiedades más profundas relacionadas con la identidad y los límites de lo humano. Lo abyecto es una experiencia psicológica y emocional profundamente perturbadora que surge cuando algo que debiera permanecer oculto o separado irrumpe en el orden simbólico y amenaza la identidad del sujeto. Kristeva lo define como aquello que ni es un objeto definido ni un sujeto propiamente dicho, sino algo que se sitúa en los márgenes de la identidad y el orden social, y que provoca repulsión, pero también atracción. Lo abyecto es aquello que la cultura y el individuo tratan de rechazar o excluir para proteger la estabilidad del yo, pero el rechazo nunca es completo, pues persiste en los márgenes de la conciencia y el orden social, amenazando constantemente con regresar y provocar una crisis. El cuerpo es una de las fuentes principales de abyección. Las sustancias corporales como la sangre, el sudor, los excrementos o los cadáveres son parte intrínseca del ser humano, pero al salir del cuerpo generan asco porque revelan fragilidad y mortalidad. Otro ejemplo de abyección es lo que denomina las experiencias del no-yo; cuando el individuo se enfrenta a algo que desafía las categorías de lo normativo, como ciertas experiencias de contaminación, o elementos sociales transgresores, como el crimen, lo monstruoso o lo marginal. Una idea fundamental que Kristeva subraya es que la abyección es una condición previa para la construcción del sujeto, ya que es a través de la exclusión de lo abyecto que el individuo logra constituirse y definirse a sí mismo dentro de un orden simbólico.

El xenomorfo encarna a la perfección las características de lo abyecto. Su diseño, que combina elementos orgánicos reconocibles con una apariencia inhumana, lo sitúa en un limbo entre lo familiar y lo extraño, lo humano y lo alienígena, lo que genera una mezcla inquietante de repulsión, fascinación y miedo. Incluso, su propia entidad resulta abyecta cuando su cuerpo sangra fluidos inusuales su sangre es ácida, se deforma o se regenera de formas que violan las reglas de la biología su ciclo reproductivo incluye cuatro estadios antinaturales que, además, implican una penetración violenta del cuerpo humano. Este tipo de representación alienígena se ajusta a la categoría de lo que no es ni sujeto ni objeto, entidades que no son Otro en el sentido humano, ni objetos en el sentido utilitario, sino algo que trasciende los límites de lo comprensible y lo socialmente aceptable. La representación de lo abyecto está profundamente vinculada a la dicotomía entre lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano. Esta característica se manifiesta en la naturaleza del extraterrestre como una fuerza contaminante que introduce elementos externos capaces de amenazar la pureza de la humanidad o el orden social establecido. Ejemplos claros de esta dinámica se encuentran en La Cosa, (The Thing, 1982, John Carpenter), donde un organismo alienígena asimila y suplanta cuerpos humanos, y en Species (1995, Roger Donaldson), donde el proceso de hibridación humano-extraterrestre desafía las fronteras entre lo humano y lo inhumano. Ambas obras exploran cómo estas entidades abyectas desestabilizan los límites de lo aceptable y ponen en peligro tanto la identidad individual como la cohesión social. En Horizonte final (Event horizon, 1997, Paul W.S. Anderson), la abyección toma forma en la posesión infernal, donde una fuerza extradimensional convierte la nave en un espacio de corrupción absoluta y subvierte la lógica humana y el orden físico.

En suma, la alteridad radical encuentra una metáfora óptima en los extraterrestres, tanto por su diferencia física o su capacidad destructiva como también porque desafían profundamente nuestra identidad. Esto se refleja también en otras estructuras narrativas ya analizadas previamente donde los alienígenas se presentan como humanos comunes y corrientes que han sido convertidos La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), El pueblo de los malditos (1960), La invasión de los ultracuerpos (1978) o The Faculty (1998). Su capacidad para reemplazarnos genera una angustia primordial que cuestiona la estabilidad de la identidad, la cohesión social y la percepción de la realidad misma. De este modo, construyen un sentimiento de abyección psicológica de enorme impacto, que desestabiliza tanto lo individual como lo colectivo.

La moralidad del xenomorfo es un tema complejo. Según lo que se interpreta de las diferentes películas de la saga, esta criatura carece de conciencia en términos humanos; actúa únicamente por instinto y necesidad, lo que la convierte en un depredador natural en su entorno. Su ciclo biológico, que incluye la reproducción mediante una intrusión violenta en sus huéspedes, no responde a decisiones éticas o morales, sino a la supervivencia de la especie. Sin embargo, hay dos escenas de asesinato a miembros de la tripulación que podrían interpretarse como signos de maldad, ya que la criatura parece recrearse en el sufrimiento que inflige. En el ataque a Dallas (Tom Skerrit), en los conductos de ventilación, al intentar expulsar al xenomorfo al espacio, el alien demuestra un comportamiento calculado y paciente, lo acecha en la oscuridad y utiliza el entorno a su favor. El ataque muestra su capacidad para cazar y dominar a su presa y parece aprovechar el miedo de Dallas para su propio disfrute. El ataque a Lambert (Veronica Cartwright) es mucho más perturbador, tanto por la ejecución como por la atmósfera que lo rodea. Lambert queda paralizada por el miedo mientras el xenomorfo la acorrala y ella muestra una ausencia total de resistencia. En esta escena, el xenomorfo parece de nuevo alargar el momento, la acecha de forma deliberadamente lenta, como si disfrutara del impacto psicológico en su víctima. La muerte de Lambert se sugiere fuera de cuadro, pero los gritos de angustia y sufrimiento que se escuchan son prolongados e intensos, lo que implica que el xenomorfo no mata rápidamente, sino que alarga su agonía.



[i] Apodado "Space Jockey" por el equipo de producción, está fusionado con la estructura de la nave, lo que sugiere una tecnología orgánica y plantea preguntas sobre su origen, naturaleza y relación con la especie alienígena.

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